Si el otro puede abandonarte es porque tu ya lo hiciste 1

Si el otro puede abandonarte es porque tu ya lo hiciste

Es más común de lo que uno pueda imaginar el sentimiento de haber sido rechazado en una edad temprana, ya sea por algún progenitor o por personas del entorno. Hay ahí un gran saco de miedos que nos dicen «no me van a aceptar», «no soy merecedor», «tengo miedo a la soledad», etc.

Suelen ser además personas demasiado enfocadas en el otro, pendientes de lo que necesitan o desean, muy serviciales y complacientes. Personas preocupadas por su imagen externa y el qué dirán o qué pensarán de mi si realmente hago o digo lo que siento.

Digamos que hay una sobreadaptación al otro en detrimento a mis necesidades en busca de esa aceptación, lo que paradójicamente genera más inseguridad interna al no hacerme cargo de mi mismo. Y, llevado al extremo, uno puede acabar viviendo una vida que no es la suya, sino la que su familia ha querido para él o ella, o lo que la sociedad impone.

No es fácil romper con esta dinámica cuando tienes la marca del rechazo. Porque éste no fue inventado, sino que fue real (al menos dentro de nosotros). El problema es que creemos que, debido a esa experiencia de rechazo, necesitamos la aprobación externa para avanzar y continuar con nuestra vida. Y nada más lejos de la realidad.

El chiste de todo esto generalmente uno no puede verlo y es que, al enfocarnos tanto en el otro, nos hemos abandonado a nosotros mismos. Y aquí surge la pregunta, entonces ¿quien abandonó a quien? sin duda, sabemos que todo forma parte de una gran proyección y que, cuando siento que el otro me abandonó, es porque algo en mi se activó: un abandono previo, inicial a mi contacto con el otro.

Esto gira las tornas y hace que podamos vernos, de repente, reflejados en el otro. Si el otro puede abandonarme es porque yo ya me abandoné previamente. Es la regla clave de la proyección. Es la vuelta a uno mismo y el foco a mi interior.

Aquí viene la parte complicada del asunto. Reconocernos abandonados por nosotros mismos es triste, por qué engañarnos. Y es una tristeza con un potencial muy sanador cuando uno consigue estar ahí un tiempo y deja de victimizarse poniendo la responsabilidad del dolor en el otro.

Digamos que, aquí inicia el camino de soltar la dependencia emocional y la difícil tarea de responsabilizarnos de nuestro cuidado emocional :).

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