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3 Tips para detectar nuestra Sombra

Últimamente he estado publicando sobre la Sombra y temas relacionados a ella en mis redes sociales, y sois unos cuantos los que os habéis interesado en saber más o me habéis comentado haberos sentido igual.

Así que, en velocidad ultrasónica y concentración máxima, he decidido sacarme de la manga un artículo necesario sobre consejos para detectar nuestra Sombra.

Lo que hay que tener claro sobre la Sombra, es que va a ser difícil que la podamos ver, al menos a la primera de cambio. La mayoría de las veces la proyectamos en nuestras relaciones, poniéndosela al otro, envidiándosela al otro o rechazándosela al otro.

¿Qué suecede cuando no vemos nuestra Sombra?

La respuesta principal sería que vamos por la vida sufriendo y, a veces, aunque resulte paradójico ni siquiera nos paramos a sentir ese sufrimiento. Este es el caso de muchas enfermedades, que salen al cabo de mucho tiempo de contención emocional y estrés vital.

Tenemos que entender que, aunque las emociones no sean tangibles como la materia, influyen y modifican nuestro cuerpo y nuestra neurobioquímica, dando respuestas psicobiológicas como la ansiedad, la depresión o las fobias.

Así que ahí van algunos tips que me parecen básicos para empezar a trabajar en nuestra Sombra y hacernos cargo de ella:

1. Revisar nuestros juicios y críticas

Hay que hacer una revisión cada vez que nos ponemos en modo «crítica», especialmente si percibimos que esa crítica lleva detrás una fuerte reacción emocional. Las preguntas que yo me plantearía son:

¿Qué estoy sintiendo ahora mismo al hacer este juicio/crítica?

¿Qué partes de mi (creencias, exigencias, ideas) me está tocando (haciendo tambalear)?

¿Para qué estoy haciendo esta crítica? (Generalmente existe una reacción defensiva de conservación de mi propio sistema de creencias)

¿Qué no me estoy permitiendo ser o hacer? (muchas veces juzgamos al otro porque el otro se permite hacer lo que nosotros no hacemos, por ejemplo: «El otro lo deja todo y se va de viaje a vivir la vida, y yo digo que se va a vivir del cuento, cuando en realidad me gustaría hacer algo parecido».

2. Cuestionar mi fidelidad conmig@ mism@

En este apartado es importante tener en cuenta todo aquello que yo hago, ya sea para el otro o para mí mismo, y, de alguna manera, sospecho que no lo hago desde mi yo auténtico.

Vivimos rodeados de compromisos sociales y bienquedismos que pueden dificultar esta tarea. No te digo que de repente dejes de hacer todo lo que no te apetece, porque no se trata de eso. Se trata de poner conciencia en lo que haces y en saber «para qué lo estás haciendo». Te ayudará mirar si tu necesidad real está acorde con aquello.

Un ejemplo sencillo sería: «cuando yo me comprometo a ir a un evento y no me apetece ir, pero por miedo a quedar mal me apunto». Revisa si realmente quieres hacer aquello a lo que te has comprometido, si estás siendo fiel a ti mism@ o, de lo contrario, te estás presionando o forzando.

Una vez revisado el hecho puedes decidir, desde la conciencia de que en realidad no es lo que quieres hacer, o hacerlo igualmente porque «te compensa» a otros niveles.

Sea como sea, es importante que la balanza se decline hacia ti contigo mismo y tu fidelidad, de lo contrario, acabarás invalidándote, dando el poder al otro, con la autoestima por los suelos y la inseguridad por los aires.

3. La relación con la madre y/o padre

Aunque la madre o el padre no estén presentes emocional o físicamente, tu tienes internalizada una madre y un padre, a los cuales, por fidelidad o por rebeldía, les sigues el juego.

Muchas veces veo que o, hacemos lo mismo que harían nuestros padres para ser buenos hijos o, en el polo opuesto, hacemos todo lo contrario, precisamente para compensar (y no deja de ser por fidelidad).

Volviendo al punto anterior, compara hasta qué punto lo que estás haciendo o las creencias que tienes asociadas a la vida (y en consecuencia tu forma de filtrarla y sentirla), tienen que ver con mandatos y herencias familiares, y deberías que tienes en tu cabeza y no hacen más que agobiarte y caerte como un gran peso en las espaldas.

En definitiva, el trabajo con la Sombra es un proceso a largo plazo. Requiere práctica, paciencia y altas dosis de humildad y sinceridad con uno mismo. Generalmente, se hará necesaria la presencia de una figura terapéutica que pueda darte un feedback y aportar toda la objetividad que uno mismo no suele ser capaz de aportar.

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